lunes, 3 de octubre de 2016

EXPOSICIÓN LA LUSITANIA ROMANA. Museo Arqueológico Nacional

Guerrero lusitano
Todavía están a tiempo de ver esta curiosa exposición organizada por el Museo Arqueológico Nacional que recoge piezas en cinco ambientes, procedentes muchas de ellas del Museo Romano de Mérida y diversos tesoros nacionales portugueses.
No es una exposición extensa, pero vale la pena recorrerla por algunas piezas que ha recopilado.
Comienza con un imponente guerrero lusitano, que por supuesto queda deslucido al lado de la magnífica talla de Augusto. Pero lo sorprendente es que, aunque la Lusitania fue romanizada por Augusto entre el año 16 y 13  a.C, el guerrero romano fue tallado en el s. I d.C, es decir, que los lusitanos seguían tallando sus estatuas de guerreros bastante después de la romanización, como si en la provincia se viviesen vidas paralelas: las de los colonos romanos y las de los nativos.
Hay más muestras de esa cohabitación, y la más curiosa es una estela que aparentemente parece escrita en latín, pero que está escrita en lengua lusitana usando caracteres latinos.
La Mérida cosmopolita está representada en una pieza exquisita, un vaso de ágata con forma de sileno, llegado sin duda de algún lugar de oriente.
vaso de ágata

Y cómo no, hay muestras de la tolerancia que siempre tuvo Roma con todo tipo de religiones. Podemos ver estatuas de dioses orientales: Isis y Mitra; otros puramente romanos como las musas del mosaico de un triclinium de una villa; pero también es sorprendente una estela judía y las cruces cristianas de las tumbas.
 
Mitra, dios solar persa. Le faltan los rayos del sol que salían de su cabeza, quedan los agujeros en su pelo de lo que eran los rayos dorados metálicos que tuvo en su día
Musas de la villa romana de Torre de Palma. La inscripción pide que se barra con cuidado y desea la buena suerte

Lo mejor de la exposición:
  • El missorium de Teodosio (es una copia, el original lo tienen escondido sólo para los ojos de académicos e investigadores en la Real Academia de la Historia): un disco de plata utilizado para ceremonias con la inscripción de que se hizo para celebrar el décimo quinto año del reinado del emperador.

Foto de: Manuel Parada López de Corselas para Wikipedia

·         El disco de Teodosio encierra una extraña historia de cómo se descubrió y de quiénes son los personajes que aparecen en él. 
El emperador del centro es Teodosio, y se supone que los que están a sus lados son sus hijos Honorio y Arcadio y el que figura recibiendo un edicto de su mano sea Valentiniano; pero hay versiones donde se dice que tal vez uno de ellos sea Valentiniano el que figura a su lado y que el hombre que recibe el edicto sea un gobernador de Augusta Emérita. 
Tampoco está claro si los cuatro jornaleros que se lo encontraron en el 1847 mintieron y en realidad está partido para repartirse el botín, o si estaba originariamente doblado más o menos por la mitad. Ni se sabe con certeza dónde se encontró, puesto que los jornaleros aseguran que fue en un lugar donde no hay restos romanos, y se sospecha que fue en otra villa y lo ocultaron para seguir buscando por su cuenta tesoros. 
Lo único cierto es que se realizó en la Ceca de Constantinopla y atravesó todo el mediterráneo para acabar en la provincia más occidental del imperio: la Lusitania.
Combina los símbolos del cristianismo: el orbe que sostienen las figuras, el aurea de sus cabezas y la cruz, con los paganos: amorcillos, una diosa Fortuna con la Cornucopia
  • ·         El sarcófago de las estaciones es otra pieza preciosa. La decoración es delicada y sugiere que uno se iba al averno con todas las comodidades y placeres de la vida terrena: vino, diosas de la victoria, bellos efebos y amorcillos. Eso sí, por ninguna parte aparece la esposa del muerto, sólo frutas y cuernos de la abundancia.

 
Fuente Wikipedia. Fotógrafo: Amfeli

Lo peor:
·         Hay números sobre los objetos, pero luego no se corresponden con cartel alguno explicándolos. Parece como si se hubiesen olvidado de ponerlos.
Números sin leyenda que le corresponda.
Arriba a la izquierda un espéculo vaginal. centro abajo una moneda para Caronte
Eso obliga al visitante a adivinar qué diablos es una de las piezas más extrañas y mejor conservadas de la exposición: un e
spéculo vaginal de bronce que data del periodo romano (Siglo I D.C) encontrado en una sepultura en Mérida. Pertenecía al ajuar fúnebre de un médico y junto a él puede observarse una moneda para Caronte y diversos objetos médicos que sería de gran interés que estuviesen explicados. Otra vez será, esperemos que el Museo no vuelva a cometer ese error.



domingo, 5 de junio de 2016

LOS ESCIPIONES. ROMA CONQUISTA HISPANIA. Exposición

Busto de Escipión el Africano. Museo Nacional de las Termas. Roma
Si tiene ocasión, les recomiendo asistir en Alcalá de Henares a la magnífica exposición del Museo Arqueológico de la Comunidad de Madrid, que estará abierta hasta el 4 de septiembre de este año 2016. En seis salas, el museo ha logrado reunir más de 200 piezas espléndidas  procedentes de más de 30 instituciones, entre ellas Museos Nacionales Romanos. De lo mejor de cada una de las seis salas de la exposición les resaltaré lo que vale la pena contemplar:
Primera sala con terracotas romanas y el imponente busto de Escipión el Africano. Uno pensará que esas terracotas no vienen a cuento, pero sí, porque esa era la Roma de los Escipiones, una ciudad hecha de terracota, sin mucha gloria ni boato, donde incluso su dios más importante, Júpiter Capitolino, estaba hecho de tan modesto material. Tras las conquistas de los Escipiones y el enorme botín que se llevaron de Hispania, la ciudad se transformó en una ciudad de piedra, abandonando su pasado humilde y con una gran influencia Helenística. Una muestra del botín puede verse en forma de lingotes de plomo. 
lingotes de plomo romano. S. II a. C Cartagena

En esta primera sala vemos el busto del miembro más importante de la familia de los Escipiones, el conocido como El Africano  tras de la batalla de Zama, aunque se trata de una copia hecha en época de Augusto, y que poco se parece a la otra copia que se conserva de Escipión el Africano que se encontró en Herculano.
Escipión el Africano de Herculano




Lo mejor:
·         El guía Nibio López, que explicó con un tablero de ajedrez cómo se desarrolló la guerra. Nunca he visto mejor explicación de las guerras púnicas. Se lo contaría, pero vayan a verlo y me darán la razón. 

  • Las ilustraciones de Albert Álvarez Marsal
·         La catapulta romana, llamada scorpio encontrada en Teruel, en Caminoreal.


·         Una escena donde aparece una groma traída del museo de la ciudad Romana y un soldado manejándola.

·         Los exvotos de guerreros íberos. Esas pequeñas estatuillas que se ponían en las tumbas para acompañar al muerto. A pesar de la tosquedad, cada una encierra una historia.
Exvotos de Guerreros íberos

·         El guerrero íbero de los Villares hecho en piedra caliza del año 490 a.C, que ahora está en el museo de Albacete.
·         Denario de Kese del s. II a. C de Tarragona.  Tal vez el denario más antiguo en la península, pero las demás monedas de la exposición no desmerecen.
·         El remate de un estandarte militar romano con forma de jabalí.
remate de estandarte militar

·         Y por supuesto el soberbio Hércules del s. II d.C. que está en el Prado.
·         Los tres tipos de espadas de íberos.
Proyectiles  de hondas y espadas íberas

Lo peor:
·         Carteles sin luz.
·         Palabrejas que se podrían haber ahorrado, por ejemplo:” antefja con prótomo de bóvido”, en realidad es un toro de piedra con dos bolas a la izquierda.
·         La cronología es caótica: comienzan las batallas con la de Kissa en Taragona en el año 218 a.C, pero no hay ninguna referencia a qué ocurrió antes de dicha batalla, ni una pequeña explicación histórica.

La historia que no se cuenta en la exposición, y que hubiese sido necesario para comprenderla se resume en lo siguiente:
La familia de los Escipiones queda ligada a Hispania desde la segunda guerra púnica, cuando en el 218 a.C desembarca en Ampurias Cneo Escipión, mientras su hermano recién nombrado Cónsul se dirige con sus tropas a Marsella para detener a Aníbal que ya había pasado los Pirineos. El pintor Albert Álvarez Marsal refleja ese momento:
Cuadro de Albert Álvarez Marsal. La llegada de Cneo Cornelio Escipión a Emporion
Cneo Escipión llegó ocho meses tarde, algunos dicen que a propósito para que Roma tuviese un "Casus Belli" para iniciar la Segunda Guerra Púnica. 
Sagunto tenía un tratado con Roma y les había pedido ayuda a los romanos ante el ataque de los cartaginenses. Los romanos, en vez de enviarles la ayuda tan esperada, los abandonaron a su suerte y la ciudad fue tomada por Aníbal tras ocho meses de asedio y la población esclavizada. Supongo que si los saguntinos hubiesen sabido que los romanos les iban a abandonar, se hubiesen rendido a Aníbal de inmediato, pero pecaron de ingenuos. Yo si hubiese sido hispano, hubiese confiado más en el deslumbrante Aníbal, que sólo tenía 26 años y que con once juró ante el fuego sagrado de Cartago odiar a los romanos. 
Luego a Cneo Escipión se unió su otro hermano, Publio, y los dos estuvieron ocho años luchando contra cartagineses, celtíberos y todos los mercenarios del norte de África. 
Es extraño, ocho años también estuvo César luchando en las Galias hasta que la conquistó, sin cometer el error que cometieron los dos hermanos Escipiones: dividir las tropas. Publio Escipión atacó a Magón y a Asdrúbal, el hijo de Giscón, y su hermano Cneo atacó a Asdrúbal Barca. Primero cayó Publio, y luego Cneo.
Tampoco se pueden comparar aquellas conquistas, César además tuvo la suerte que todas las tropas celtas se concentraron en Alesia, sin embargo, para los Escipiones fue una pesadilla donde un día hacían aliados entre los nativos y al día siguiente les traicionaban. Pero después de lo de Sagunto, ¿quién podía confiar en Roma?
Pero más allá de la historia, la exposición es un recorrido magnífico sobre quiénes eran esos romanos que nos conquistaron y quiénes éramos nosotros.
Uno sale de la sala maravillado por las estatuas romanas, por los bajorrelieves, por los mosaicos, pero lo magnífico de esta exposición es que ha rescatado parte de la cultura que había en la península cuando ellos llegaron. 


miércoles, 9 de diciembre de 2015

CLEOPATRA: EXPOSICIÓN DEL CANAL MADRID. La mujer de los ocho rostros.

                
Altes Museum. Foto de Louis le Grand 
 Si van a ver la exposición, se darán cuenta de que la cara de Cleopatra es todavía un misterio. Es extraño que se conserven tan pocas estatuas o retratos suyos a pesar de que gobernó el país del Nilo durante casi veinte años. Tal vez no se dejó retratar, o tal vez Augusto se encargó de borrar su huella en toda Alejandría, o tal vez, sus estatuas estén hundidas frente al Faro, o donde antes se hallaba el magnífico palacio de Loquias (que era el palacio de los Ptolomeos que ahora debe estar nadando con los peces).
Ella siguió la costumbre de los Ptolomeos, una doble representación: estatuas siguiendo la iconografía egipcia (para contentar al pueblo que vivía en los nomos), y en segundo lugar están las estatuas y monedas de pura tradición helenística (destinadas para los macedonios y griegos de Alejandría).
Para el viejo país del Nilo, se hizo retratar como la primera sacerdotisa de Isis, que era el papel que tenía la esposa del faraón. Un ejemplo muy hermoso y monumental puede verse en los pilonos del templo de  Dendera, donde Cleopatra aparece retratada con su hijo Cesarión
Cleopatra y Cesarión templo de Dendera
 Su rostro no es un retrato en sí, sino que se ajusta al canon de los bajo relieves egipcios (podría ser Cleopatra, Nefertari o una Hatshepsut sin barba)
 Sin embargo son más interesantes los retratos helenísticos de la reina, sobre todo aquellos que pasan por verdaderos, que son tres:
1.       La Cleopatra del Museo de Antigüedades de Berlín. Es la que aparece en la portada del blog y está en el Altes Museum.

2.       Busto del Museo del Vaticano- del cual en la exposición hay una copia, un vaciado en yeso, que pueden ver en la exposición al entrar. Se parece bastante a la foto de la portada del blog, salvo que no puede verse la nariz porque la ha perdido.

3.       Una Cleopatra de una colección particular de Londres.
No los busquen, por desgracia, ninguno de ellos forma parte de la exposición, sal vo la copia en yeso. Sin embargo la exposición del Canal ha reunido 8 bustos que asegura ser retratos de Cleopatra:
El primero es un retrato elaborado en piedra caliza que viene directamente del museo de Hermitage de San Petersburgo. Es una pequeña cabeza con bucles (parece una peluca) y con las cuencas de los ojos vacías, destinadas para unos ojos vidriados que se han perdido con el tiempo. Podría ser Cleopatra o cualquier otra reina Ptolemaica, por ejemplo a hermana mayor de Cleopatra, llamada Berenice, que se autoproclamó reina en el año 58 a.C. Lo extraño de este retrato es que no lleva el peinado de moda en ese momento, llamado “melón”. Pero podría ser ella, a las mujeres siempre nos ha gustado variar.
El segundo retrato es una hermosa cabeza que procede del museo de Brooklyn. De todos es el que tiene un óvalo más redondo pero tiene una expresión triste, tal vez debido a que las cuencas de sus ojos también están vacías. No coincide con la imagen de delgaducha que tenía Cleopatra, pero tal vez se hizo en una época de su vida que estaba más pletórica. Si es ella, hay que decir a su favor, que unos pocos quilos le sentaban muy bien.
Después nos encontramos con una vitrina que reúne en fila otros seis bustos de Cleopatra, que los organizadores dan por verdaderos, pero que no se parecen entre sí:
Cuatro de ellos son de François  Antonovich, el coleccionista de antigüedades francés y habitual de las subastas de arte de Christies. De estos, el mejor conservado es uno que lleva un tocado de plumas de buitre. Lo reconocerán porque Cleopatra tiene un rostro afiladísimo, con una barbilla muy picuda, y conserva una nariz que es delgada y muy larga. Si quieren que les diga la verdad, recuerda a esos retratos de la corte de Akenatón que parecen extraterrestres. Tal vez estemos ante el rostro de la degeneración de los Ptolomeos (una familia con más de doscientos años de incestuosos matrimonios entre hermanos, tiene que dejar algún huella). No olvidemos que Cleopatra también era hija de dos hermanos.
Luego está el busto de Eisenberg en el cual los labios son muy carnosos, muy al estilo de los retratos de Alejandro Magno. No se parece en nada a las esculturas de Antonovich, la barbilla no es tan afilada y además tiene unos saludables pómulos.
En ese mismo expositor está el busto de Cleopatra que pertenece a Clarence Day: conserva un poco la nariz, y pueden verse claramente los orificios, es una nariz aguileña, que parece coincidir con lo que decía de ella Plutarco. Por cierto, Marco Antonio también tenía esa famosa nariz aguileña.  
Pero si uno se quiere hacer una idea más precisa de cómo era Cleopatra, es mejor recurrir a las monedas. Hay una especialmente curiosa: por la cara Cleopatra y en la cruz Marco Antonio.
 La reina, que compartió con Antonio catorce años de su vida, le permitió aparecer en las monedas con ella. Supongo que pagó la acuñación, porque es conocido que ella financiaba tropas de Marco Antonio, como una banquera rica. En realidad, Antonio era un mantenido en aquella corte. La pareja tenía una magnífica simbiosis: Cleopatra le entretenía con borracheras y juergas y él aportaba las legiones que todavía le eran fieles y le otorgaba protección frente a las ambiciones de Octavio. Cleopatra ya sabía que no había hombre en la tierra que la odiase más que Octavio, entre otras cosas porque ella se había paseado por Roma con el hijo que había tenido con Julio César. Bueno, Cicerón tampoco la tenía simpatía, pero no llegaba al extremo de Octavio, que tenía motivos personales.
En la moneda que hay en la exposición del Canal, ella aparece con su diadema en la cabeza, que para los macedonios era el símbolo de la realeza. No podemos decir quién era más feo, Marco Antonio con su robusto cuello y papada, o Cleopatra, escuchimizada y muy poca cosa. No me puedo imaginar a esta reina presentándose en Tarsos a Marco Antonio con su traje de Afrodita (es decir desnuda), en una barca real con todo el boato del lujo asiático, remontando el río para impresionar a Marco Antonio, que por supuesto, cayó rendido a sus pies.
Si quieren ver otra de las monedas de Cleopatra, aquí se harán una idea mejor de cómo debió de ser la reina:
Cleopatra VII tetradrachm Syria mint» de PHGCOM - Own work by uploader, photographed at the British Museum
           Como el tema tiene miga, otro día hablaré de los amores de Cleopatra y Marco Antonio. En la exposición se habla muy poco de su romance, y eso que es una de las historia con más morbo de la antigüedad. No sé cómo Hollywood no ha hecho una serie de veinte capítulos sobre ellos, reúnen todo: poder, incestos, asesinatos, traiciones, sexo, lujo, borracheras, desmadres varios.
En la exposición también pueden ver los trajes de la magnífica película de Mankievicz protagonizada por Elizabeth Taylor. Nadie mejor que Mankievicz para crear el mito. Por cierto, un director muy habilidoso, porque hay que recordar que cuando se rodó Cleopatra, todavía Hollywood estaba bajo el código Hays (el código de censura que se practicó en Hollywood hasta finales de los 60). En la película Cleopatra parecía una santa al lado de lo que fue, incluso yo de pequeña quería ser como ella.
Nada más lejos de la realidad, de todos los escritores romanos, sólo Plutarco nos da una imagen amable de ella. Pero si leen a Suetonio, a Flavio Josefo, a Apiano, a Cicerón y a Diodoro Sículo, más que una mujer parecía una harpía. Les daré un aperitivo: asesinó a sus dos hermanos, hizo que Marco Antonio matase a su hermana menor, traicionó a Marco Antonio después de la batalla de Actium, trató a los judíos de Alejandría con crueldad, hizo matar a todos los nobles de Alejandría que se le opusieron, ordenó saqueos de riquezas para ornamentar su tumba, intentó seducir de forma rastrera a Octavio y a Herodes, probaba venenos con los esclavos, y un largo etc. de horrores. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

DIEZ FORMAS DE ENFRENTARSE A LOS BÁRBAROS


        1.       La huida; A veces no queda más remedio que la huida definitiva como le ocurrió a los Foceos en el s. VI a.C. Cuenta Heródoto, que  cuando llegaron las tropas de Ciro a conquistar la costa de Jonia,  la ciudad de Focea, sabiendo que no podía resistir al avance de los persas, les pidió que le permitieran meditar su respuesta por un día. Los persas pensaron que estaban meditando su rendición, pero mientras tanto los foceos embarcaron a toda la población en sus barcos y desaparecieron rumbo a sus colonias en el Mediterráneo. Arrojaron al mar un trozo de hierro ardiente y juraron no volver hasta que reapareciese en la superficie. Lo cumplieron.
    También puede ser una huida provisional como hicieron los atenienses cuando Jerjes invadió Grecia: en una astuta estrategia promovida por Temístocles, embarcaron a toda la población en trirremes y vivieron refugiados en Trecén hasta que consiguieron recuperar la ciudad tras la batalla de Salamina. En los frisos de Partenón, figura simbólicamente la lucha entre Lapitas y Centauros como la lucha entre la civilización y la barbarie.
    Friso del Partenón. Lapita contra Centauro o la civilización contra la barbarie

    2.       Construcción de un muro: la construcción de los muros defensivos data ya del tercer milenio antes de Cristo, así encontramos el muro de Semíramis, en el imperio Asirio para evitar los ataques de tribus enemigas. Los griegos construyeron un muro en el Ismo de Corinto para intentar evitar el avance de los Persas. Pero sin duda el más famoso es Muro de Adriano, la limes de Britania del cual todavía puede verse algún vestigio.
    Muro de Adriano

    3.       Matrimonio;  Es el viejo lema: si no puedes contra el enemigo alíate a él. Roma ya estaba en las últimas cuando tuvo que recurrir a una boda con los bárbaros.
    La boda más famosa y humillante la protagonizó al final de imperio romano Gala Placidia (hija del emperador Teodosio)  y Ataúlfo (cuñado de Alarico el rey visigodo) en el 414 en Narbona. Fue un último intento de detener a los bárbaros aliándose con ellos mediante unos esponsales (habría que preguntarle a la patricia Gala qué opinaba ella de casarse con un bárbaro).
    Gala Placidia


    4.       Pagar para que se vayan- Para humillación de los romanos, en el 390 a. C., los galos entraron en la ciudad y la saquearon. La única forma de hacerlos salir fue pagarles 1000 libras de oro al galo Breno. Cuenta Tito Livio, que para reunir tal cantidad incluso las mujeres se deshicieron de sus joyas. Cuando ya estaba pesado el oro, Breno puso en el platillo de la balanza su espada, obligando a los romanos a pagar todavía más para equilibrarla. Como dijo Breno al oír las protestas de los romanos: ¡Ay de los perdedores!

    5.       Mantener una zona se seguridad para evitar las invasiones-Un ejemplo de ellos son los territorios de Siria y Celesiria que eran los corredores de seguridad de Egipto ante las invasiones de los pueblos vecinos. Cuando en el 1274 a.C. Ramses II atacó a los Hititas en la batalla de Qadesh ( Siria), intentaba proteger este valioso corredor de gran importancia estratégica.
    Los faraones Ptolemaicos, mantuvieron la zona de Celesiria como un colchón para evitar invasiones de cualquier otro reino Helenístico. Ptolomeo I Sóter comprendió la importancia estratégica para Egipto de este corredor de tierra, el único paso vulnerable para conquistar el país del Nilo.  
    Ptolomeo I y Berenice. Faraones


    6.       Ataque frontal al enemigo en su propio territorio. Los romanos tuvieron todo un elenco de victoria y fracasos combatiendo al enemigo en tierra hostil. Uno de los más humillantes fue cuando Craso se quiso enfrentar a los partos y terminó prisionero, lo mataron haciéndole beber oro fundido. En cuanto a los soldados romanos, desaparecieron y se les llamó también la legión perdida (por lo visto había varias, no solo la de Inglaterra).  
    7.       Toma de rehenes- En esto Roma era experta. La ciudad estaba llena de hijos de reyezuelos de las provincias del imperio. El rehén más notable y del cual se enorgullecía César era Juba II (hijo del rey de Mauritania, criado en Roma y luego historiador). Juba II fue casado por Augusto con Cleopatra Selene (hija de Cleopatra VIII y Marco Antonio, que también terminó de rehén en Roma).
    No siempre los rehenes se plegaron a los intereses de Roma: Arminio (germano educado en Roma y amigo de generales y patricios) fue llevado con las legiones a Germania como conocedor del terreno y de las costumbres de los bárbaros. Sin embargo Arminio los traicionó en la batalla de Teutoburgo año 9, conduciéndolos a una trampa en el bosque de igual nombre.
    8.       Apoyar a un reyezuelo para que haga el trabajo sucio- Herodes I el Grande hizo un buen trabajo en la conflictiva palestina dispuesta a levantarse contra el poder romano.  Tras su muerte comenzaron los problemas.
    9.       Guerra de guerrillas. Una forma de luchar tan vieja como la humanidad es organizar una guerra de guerrillas. Desde el año 66 hasta el 71 los Zelotes y los Sicarios tuvieron entretenido a Tito hasta que terminó con la rebelión en la fortaleza de Masada.
    Arco de Tito, victoria sobre los judíos

    10.   La suerte, el destino o lo divino - hay casos inexplicables donde los invadidos se libran por los pelos de los Bárbaros. El caso más extraño fue en el 216 a.C cuando Aníbal ya había conquistado casi toda Italia y vencido a los romanos en la batalla de Cannas. Podía haber entrado en Roma triunfante y dado por terminada la guerra, pero algo le detuvo. Los historiadores no se ponen de acuerdo por qué no remató su triunfo. Tal vez, como dijo uno de los generales de Aníbal: “Sin duda Aníbal sabes cómo vencer, pero no sabes cómo hacer uso de tu victoria”.  ¿Fueron efectivas las rogativas y sacrificios humanos que hicieron los romanos para librarse de Aníbal? ¿O es que Aníbal se quedó paralizado al saber que después de Roma ya no había nada que conquistar?



    lunes, 9 de noviembre de 2015

    MUJERES DE ROMA. Exposición Caixa Forum

    Foto de Carole Raddato from FRANKFURT, Germany http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons
    Si tienen la oportunidad de ir a Madrid, no se pierdan la exposición organizada por el museo de Louvre que se puede ver en Caixa Forum. Considero un detalle que un gran museo nos permita ver in situ algunas de sus mejores y peores obras, y con ello me refiero que en su conjunto es una gran exposición, pero se podían haber ahorrado sacar de gira algunas piezas. Como no te deja sacar fotos, las que aquí ven han sido tomadas del contenido Wikipedia libre.
    Les voy a decir cuáles han sido mis favoritas.
    La primera sala reúne un catálogo de maravillas, se pueden demorar un buen rato en los estupendos bustos de peinados romanos de distintas época que sirven para datar a las estatuas: los de la época Livia (sin duda los más elegantes), los de la época de Nerón (excesivos) y los de la dinastía  Flavia  (postizos y sienes despejadas) y por último el pelucón de la esposa de Septimio Severo y también madre de Caracalla y de Geta (por cierto, esta si que es uno de esos personajes que tiene una biografía tan apasionante, que el Louvre debía explica algo más de ella).
    Retrato de Julia Domna
    No se pierdan los tres retratos sobre madera en esta primera sala. En ningún museo español podemos ver un ejemplo de los retratos que se colocaban sobre las momias egipcias en la época en la cual Egipto pasó a ser una provincia romana. Uno de ellos, encontrado en el oasis de El Fayún muestra un profuso entrecejo (la moda obligaba a las romanas a pintarse un entrecejo para parecer más atractivas) .
    Pero lo mejor de la exposición es el magnífico retrato sobre madera encontrado en Tebas datado entre el año 160 y 180 d.C. El retrato de esta mujer que no se había depilado las cejas pero se había olvidado de pintarse el entrecejo, tiene una notoria nariz griega, un raro bronceado para la época (a su lado hay una tabla con una mujer blanquísima) y está milagrosamente bien conservado por la arena del desierto que cubrió su tumba. Sólo por verla a ella vale la pena ir a ver la exposición (y no sé por qué Caixa Furum la coloca en una esquina). Yo la he elegido como foto portada del blog de hoy.
    Pasen a la sala dos y contemplen la imponente estatua de Mesalina (sí, la esposa de Claudio) que parece una santa con su hijo Británico. Es el mejor ejemplo de cómo una mujer puede controlar su imagen hasta parecer una honorable matrona romana.
    Mesalina y su hijo Británico
    No se pierdan el sarcófago de Cornelio Estacio donde se resumen los éxitos de su vida, entre ellos a su esposa dándole el pecho a su hijo (la matrona romana debía amamantar a su hijos, nada de tener nodrizas, o por lo menos de cara al público no hay que hablar de ellas).
    Luego están dos estatuas yacentes con un matrimonio recostado como si fuese un sarcófago etrusco en los cuáles los hombres y las mujeres participaban juntos en banquetes.
    En la sala tercera hay frescos que han conservado el color, lo cual nos permite contemplar que las romanas tenían telas azules, verdes, bermellón, azafrán. No hay muestras de tejidos estampados con flores como usaban las hetairas griegas. Hay un gran muestrario de pliegues en las stolas y en las pallas del ropaje de las romanas, incluso se las ve con graciosas sombrillas tapándose del sol. No se pierdan las joyas exquisitas que hay en toda la exposición con materiales como el ónice, sardónice, plomo ( ¿estarían intoxicadas?), cristal.
    Hay una escena preciosa en una terracota de la sala tres donde las bodas de Peleo y Tetis se convierten en una boda romana: la novia con velo, el novio le da la mano, la Pronuba, que es una mujer que acompañaba a las patricias romanas, asistiéndolas en los ritos de la boda.
    No pierdan el tiempo con los frescos de la casa de Livia ( la mujer de Augusto), son horribles, supongo que debió de contratar a los pintores más torpes del Imperio. No se si es un problema de restauración, pero para  aquellos que conocen los hermosos frescos de la casa de los Misterios de Pompeya, se darán cuenta que los de la casa Livia del Palatino son muy torpes.
    Hay algunas cosas que el Louvre nos podía haber explicado. Por ejemplo, ¿por qué escriben bajo una terracota "bailarinas con calathiscos"? Nadie sabe lo que es un calathisco salvo un profesor de Historia Antigua. Podían haber puesto una pequeña nota para decir que son las cestas trenzadas que llevan en la cabeza. Lo mismo ocurre con "bailarinas y Thymiaterion", bastaba con poner entre paréntesis bailarinas con incensario, que lo entiende todo el mundo. Y lo mismo ocurre con una terracota cuya explicación es "Canéforas", podrían explicar que son muchachas vírgenes que llevan las cestas con objetos sagrados de los dioses en las procesiones. Pero los que organizan exposiciones prefieren que el gran público siga desconociendo la jerga secreta que sólo ellos manejan. Tenían que oír a dos señoras frente a un objeto que se llamaba "estrígilo ", no sabían si era un gancho, una espátula o un objeto erótico porque tenía grabado una escena de Venus en el mango. El organizador de la exposición podrían haberse apiadado de ellas y haber explicado para qué diablos servía el estrígilo (que no es más que un rascador que se usaba en los gimnasios para sacarse la arena del cuerpo).
    Hay Tres Gracias, en la misma pose que las del Prado, sin celulitis y bastante reales. Pertenecía a la familia del cardenal Borghese, como muchas piezas que se pueden ver en la exposición, pero terminaron en manos de Napoleón. ¿Cómo?, fácil, casó a su hermana menor, Paulina Bonaparte con el príncipe Borghese. Napoleón consiguió que el príncipe le vendiese 400 piezas (a precio de saldo y un poco obligado porque Napoleón tenía mal genio y había conquistado Italia). Hoy están en el Louvre. Los franceses sí que saben, seguro que guardan la factura.
    Hay una sorprendente terracota de la diosa Deméter sosteniendo con las manos espigas de trigo y capullos de opio (no hay que olvidar que en Roma la adormidera se consumía como medicina, de forma lúdica y hay algún que otro emperador que desayunaba con ella).
    Hay Venus por todas partes: sacándose la sandalia, saliendo del agua en la misma pose que la famosa Venus de Botticelli, y una Venus Genitrix (hay que detenerse a mirarla porque César decía ser descendiente de ella). Hay una Venus con un cupido sin alas que merecería una explicación,  que por supuesto no hay y que yo desconozco.
    Pueden ver a varias amazonas (todas con los dos pechos, que yo sepa se cortaban el derecho para poder tirar con el arco). algunas de ellas en unos sorprendentes escorzos.
    Y en la sala 8 están los cultos báquicos, con Dioniso y todo su cortejo de leopardos, ménades, falos, "hermas" (palabreja que designa a un bloque de piedra en el cual sólo hay esculpido la cara de Hermes y su falo erecto; se tenía en las casas para dar buena suerte).
    Les recomiendo que pasen de largo cuando vean la escultura del Hermafrodito, salvo que tengan adolescentes, que se reirán un rato. No sé porqué el Louvre nos trae el hermafrodito más feo que se ha esculpido en la historia de la humanidad.
    Y si tienen niños, les recomiendo que vean a las verdaderas sirenas, nada que ver con las de los cuentos. Las que aparecen aquí son las que tienen garras, en vez de pies y unas alas enormes. Hay que decirle a los niños que las verdaderas sirenas aparte de cantar y embaucar a los marineros, usaban las garras para arrancarle la piel a los marineros.
    Espero que disfruten.



    domingo, 1 de noviembre de 2015

    El macabro ritual de enterramiento indio: la “Satí”

    La Satí, pinturas realizadas por artistas indios para los británicos en la India se llaman Company paintings

    La primera vez que los antiguos griegos tuvieron noticia del ritual de la “Satí” fue en plena guerra de los Diádocos en el año 319 a.C.
    Se enfrentaban el ejército de Antígono el tuerto, general de Alejandro Magno, con Eumenes de Caria, el secretario del rey macedonio. Se peleaban por el dominio de las satrapías que formaban parte del imperio.
    Ceteo, uno de los soldados indios que combatía con Eumenes de Caria, falleció en la batalla. Ocurrió que cuando recogieron su cuerpo para enterrarlo,  se presentaron las dos esposas indias y ante el asombro de los griegos, se pelearon para ver a cuál de ellas le correspondía el honor de inmolarse con Ceteo en la pira funeraria.
    El general Eumenes, tuvo que mediar en la disputa. No daba crédito, las dos mujeres querían arrojarse al fuego, en un acto que a los griegos les parecía una barbarie.
    Entonces los indios le explicaron el origen del ritual, la famosa “Satí”: antes en la India los esposos contraían matrimonio libremente sin el consentimiento paterno; pero como no se podían divorciar de forma honorable, se encontraban que muchos de estos matrimonios por amor terminaban en disputas entre los cónyuges; las esposas terminaban deshaciéndose de los maridos con envenenamientos. Para evitar los asesinatos, se estableció la ley de la “Satí”, que obligaba a la esposa a morir en la pira funeraria con el marido. Si no lo hacían, no se le permitía casarse de nuevo y se le excluía de toda la vida religiosa de su sociedad.
    Como ven, este es un relato muy machista, asume que las únicas envenenadoras eran las malvadas esposas. Pero es que tiene una explicación, la primera versión de la “Satí” nos llegó a occidente a través de Diodoro Sículo, y ya se sabe que los griegos antiguos han sido siempre una de las culturas más machistas de la humanidad.
    Le explicaron al general griego, que de esta forma, las esposas se afanaban en cuidar al marido para que viviese lo más posible. Sólo se las perdonaba de morir con él,  si estaban embarazadas o si tenían hijos.
    El problema es que el indio Ceteo había dejado dos viudas, y la “Satí” solo obligaba a una a suicidarse en la pira funeraria. Se preguntarán, qué hacían las dos esposas en un campamento griego, pero los indios, igual que los persas y otras culturas orientales, acostumbraban a llevar con la impedimenta, no sólo sus riquezas sino a sus esposas e hijos. Esta costumbre no la tenían los griegos porque entre otras razones, si perdían la batalla sus esposas e hijos pasarían a ser esclavos del ganador.
    Las dos esposas reclamaban su derecho a morir, la primera de ellas porque era un honor que debía tener la primera esposa, y la segunda porque desveló que la primera estaba embarazada y correspondía a ella el derecho. Trajeron a un experto en embarazos y confirmaron que en efecto la primera esperaba un hijo. Así que la segunda, ante los ojos atónitos de los griegos, se despidió de sus familiares regalándoles las numerosas joyas que portaba, y se arrojó a la pira funeraria del marido.

    La “Satí” sólo fue prohibida en la India en 1829 por los ingleses.
    Portada de una edición francesa editada en 1873
    Seguramente muchos han leído el libro “La vuelta al mundo en ochenta días” y recuerdan cómo Phileas Fogg y Passepartout arriesgan su vida para salvar a la princesa Aouda de ser incinerada. 
    El libro fue publicado en 1872, y se suponía que la “Satí” ya había sido abolida en la India, pero Julio Verne nos recreó magníficamente el ritual que pasó a nuestro imaginario popular.

    domingo, 25 de octubre de 2015

    Agatocles, el alfarero que puso en jaque a Cartago con sesenta barcos, cien años antes que Escipión en Africano.

    De origen humilde, Agatocles, nació en el año 361. a.C.  en Sicilia. Como un héroe de la antigüedad fue abandonado al nacer por su padre, porque el oráculo de Delfos vaticinó que el niño que iba a nacer acarrearía las más terribles desgracias a Sicilia. Pero la madre rescató al niño abandonado y lo entregó a su hermano para que lo criara. Por supuesto, como en una buena leyenda griega, el niño se convirtió en un apuesto joven y cuando el padre casualmente lo vio en la casa del tío, se quedó admirado y la madre le reveló que era su hijo.
    Teatro de Siracusa, Sicilia
                                         
    Agatocles de oficio alfarero, pronto se convirtió en amante de  Damas, uno de los notables de Siracusa. Y cuando Damas se murió, Agatocles se casó con la viuda y se quedó con la fortuna de su amante. Con dinero comenzó su carrera militar, en una época en la cual con dinero se podía mantener un ejército. Sus escaramuzas le llevaron a Italia, y más tarde volvió a Sicilia donde había más riquezas. allí combatió contra los cartaginenses hasta que decidió expulsar a la oligarquía que dirigía Siracusa, la ciudad más opulenta de la isla. La tomó prometiendo que iba a restaurar la democracia y mató en un día a 40.000 ciudadanos ricos y la entregó al asalto de las tropas. Lo de restaurar la democracia se le olvidó al momento y se convirtió en tirano, al principio sin llevar la diadema, que era el símbolo de la realeza, y se contentaba con llevar una corona, que era para los siracusanos el símbolo del poder religioso.  
                    Entonces se le ocurrió echar a los cartaginenses de Sicilia. En aquel momento Cartago poseía un gran número de colonias en la isla, y su poder era muy superior a cualquier ejército griego de Sicilia, con lo cual no tuvo más remedio que firmar una paz con Amílcar, el gobernador cartaginense. Pero al morir Amílcar las cosas se complicaron, los oligarcas sicilianos que habían sido expulsados por Agatocles pidieron ayuda a los cartaginenes y entonces el puerto de Siracusa fue bloqueado por cincuenta barcos cartaginenses.
    Entonces apareció un segundo Amílcar, el hijo de Giscón con un enorme ejército formado además por mercenarios que habían traído de Etruria y honderos Baleares. Los cartaginense fueron implacables y echaron a Agatocles de todas las ciudades salvo de Siracusa donde se refugió después de la batalla de Hímera.
    Agatocles ideó una estrategia completamente osada: reunió todo el dinero que pudo de Siracusa, se cuenta que incluso sacó las joyas a las mujeres y separó a las familias llevándose a varios parientes de la familia y dejando a otros con el fin de que la población no se le rebelara. Los metió en sesenta barcos sin decirles a donde iban, burló el bloqueo cartaginés del puerto y desembarcó a los seis días en la costa de Cartago en el 310 a.C.

    moneda con el retrato de Agatocles


    Escipión el Africano
                    












    Así comenzaron sus cuatro años de guerra en tierra africana. Nunca un ejército había invadido Cartago, sólo Escipión el Africano se atrevería  con una hazaña semejante cien años después en el 202 a.C. y con un número muy superior de soldados.

    El genio militar de Agatocles pasó silenciado a la historia de la humanidad por dos razones, primera, por no ser romano, y la segunda porque no tuvo éxito, aunque en su favor hay que decir que estuvo a punto de conseguirlo.
                    Lo primero que hizo cuando vio la costa africana fue enfrentarse a los cartaginenses en la mar. Venció, desembarcó y  se proclamó rey de los siracusanos. Después, engañando a los soldados que estaban atónitos, les dijo que le había prometido a las diosas Deméter y Core que si ganaba la batalla naval quemaría las naves en un honor. Le dio a cada capitán una antorcha y quemó los trirremes, un símbolo que se ha repetido a lo largo de la historia, véase Cortés cuando llegó a México, y que les obligó a vencer o a morir. Entonces comenzó la guerra relámpago y fue conquistando ciudades hasta llegar a Túnez, que tomó ante los ojos asustados de los habitantes de Cartago, que desde sus murallas vieron cómo aquel ridículo ejército invasor estaba conquistando su territorio.     
                    Enviaron contra Agatocles a lo mejor de su ejército, un batallón sagrado de tres mil muchachos dirigidos por los sufetes Hannón y Bomílcar. Los cartagineses estaban tan seguros del éxito que llevaban consigo un montón de grilletes para esclavizar a aquellos sicilianos. Inesperadamente Agatocles mató a Hannón y se hizo con la victoria.
    Los cartaginenses estaban ahora aterrados, e hicieron algo terrible que solían hacer en los momentos de pánico: sacrificaron a trescientos niños nobles al fuego del dios Moloch. Pero luego descubrieron que los padres habían entregado a hijos ilegítimos y que el sacrificio no había sido efectivo.
    Llamaron al general Amílcar Giscon que estaba en Sicilia, pero el general decidió invadir Siracusa pensando que ya que Agatocles estaba en África, le sería más fácil. Un adivino le dijo a Amílcar que al día siguiente cenaría en Siracusa y todo confiado fue a la batalla donde tras la derrota le tomaron prisionero. El adivino no se había equivocado, puesto que no sólo cenó en Siracusa, sino que entre toda la población le torturaron. Cortaron la cabeza de Amílcar y se la llevaron a Agatocles a África, que cabalgó exhibiéndola  frente al ejército de Cartago.
    Cuatro años más estuvo conquistando ciudades. Cometió aciertos y errores brutales, y al final traicionó a tantos aliados, familiares y amigos, que más bien puede decirse que no le vencieron los cartaginenses, sino que su propia ambición le llevó a la derrota.
    La ciudad de Cartago nunca cayó en sus manos y al final consiguieron echar a aquel ejército de África. Murió, como muchos de los tiranos, asesinado, en este caso por su nieto. Nunca estuvo Sicilia tan cerca de convertirse en un imperio de la antigüedad, y sin duda hubiese cambiado el curso de la historia, como hicieron los romanos cien años más tarde.
    Nadie se acuerda hoy de Agatocles. ¿Conocía Escipión el Africano a este hombre cuando convenció al senado romano que la mejor forma de combatir a los cartaginenses era llevando la guerra a África?